Hay un dicho que dice que los niños nacen con un pan bajo el brazo, pero desgraciadamente no nacen también con un libro de instrucciones para los papás. Nuestro propósito como padres es conseguir que nuestros hijos se conviertan el día de mañana en hombres y mujeres de bien. Educar no es fácil, pero nada que valga la pena lo es, ¿no es cierto?
De experiencias de éxito hemos sacado 5 claves que nos pueden ayudar a la hora de educar a nuestros hijos.
1. Negociar las reglas del juego.
El padre y la madre, tienen que hablar y poner en común lo que quieren conseguir con la educación. Lo primero es tener claras las pautas sobre cómo educar a su hijo. Padre y madre tienen que estar de acuerdo en lo principal para que así el niño tenga referencias claras de lo que se debe hacer y lo que no. No hay nada peor para un niño que recibir unas indicaciones de un padre y justo las contrarias de la madre.
El pobre niño acababa muy confundido, sin saber qué hacer.
2. La comunicación
Es fundamental hablar con nuestros hijos desde que son pequeñitos. Ellos aprenden a hablar escuchándonos, repitiendo lo que decimos. Los niños no son tontos, así que no hace falta hablarles con diminutivos y con palabras inventadas como “rum, rum (coche), “ñam. ñam”(comida) o similares. Desde el principio hay que hablarles correctamente y pronunciando bien para que aprendan a expresarse.
Del mismo modo cuándo ellos intenten decirnos algo, tenemos que ser pacientes y escucharles. Dejarles que se tomen el tiempo que necesiten y esperar hasta que terminen, no podemos interrumpirles constantemente.
Es importante que seamos coherentes y hagamos lo que les decimos. Los padres tenemos que predicar con el ejemplo porque los niños detectan rápidamente la hipocresía.
El pobre niño acababa muy confundido, sin saber qué hacer.
2. La comunicación
Es fundamental hablar con nuestros hijos desde que son pequeñitos. Ellos aprenden a hablar escuchándonos, repitiendo lo que decimos. Los niños no son tontos, así que no hace falta hablarles con diminutivos y con palabras inventadas como “rum, rum (coche), “ñam. ñam”(comida) o similares. Desde el principio hay que hablarles correctamente y pronunciando bien para que aprendan a expresarse.
Del mismo modo cuándo ellos intenten decirnos algo, tenemos que ser pacientes y escucharles. Dejarles que se tomen el tiempo que necesiten y esperar hasta que terminen, no podemos interrumpirles constantemente.
Es importante que seamos coherentes y hagamos lo que les decimos. Los padres tenemos que predicar con el ejemplo porque los niños detectan rápidamente la hipocresía.
3. Hacerles sentir importantes.
Es en la familia dónde tienen que encontrar nuestros hijos comprensión y apoyo.
De nuestra boca no sólo pueden salir reproches o reprimendas. Dice el famoso psicólogo Bernabé Tierno que por cada valoración negativa tendríamos que decirle diez elogios a nuestro hijo. Cada vez que hace algo bien, que intenta algo nuevo, cada progreso tiene que ser puesto en relieve por nosotros. ¡Qué bien! ¡Bravo! tienen que ser las expresiones que escuchen nuestros hijos, no las desagradables ¡Eres un torpe! ¡no vales para nada!... Queremos que nuestros hijos no tengan complejos, no se sientan inferiores y se acepten a sí mismos. Para eso nosotros tenemos que ayudarles y animarles a que aprendan, a que se superen cada vez, a no tener miedo de las dificultades, algo totalmente imposible si les criticamos una y otra vez.
4. Cada niño es un mundo.
Aunque tengamos gemelos idénticos, cada niño es completamente distinto. Tienen unos rasgos de carácter distintos y por eso nos tenemos que adaptar los padres a cada uno. A veces los adultos tenemos la tendencia de comparar a los niños y eso nunca tenemos que hacerlo. Siempre hay que buscar lo bueno que tiene cada niño y ensalzarlo. Tener la misma ilusión con el segundo, tercer hijo y los siguientes que con el primero.
Los niños no tienen que notar que tenemos una preferencia por uno de los hijos. El amor no se agota, sino que cuanto más se da, más tenemos, así que seamos maduros y demos amor a cada uno de nuestros hijos.
Es en la familia dónde tienen que encontrar nuestros hijos comprensión y apoyo.
De nuestra boca no sólo pueden salir reproches o reprimendas. Dice el famoso psicólogo Bernabé Tierno que por cada valoración negativa tendríamos que decirle diez elogios a nuestro hijo. Cada vez que hace algo bien, que intenta algo nuevo, cada progreso tiene que ser puesto en relieve por nosotros. ¡Qué bien! ¡Bravo! tienen que ser las expresiones que escuchen nuestros hijos, no las desagradables ¡Eres un torpe! ¡no vales para nada!... Queremos que nuestros hijos no tengan complejos, no se sientan inferiores y se acepten a sí mismos. Para eso nosotros tenemos que ayudarles y animarles a que aprendan, a que se superen cada vez, a no tener miedo de las dificultades, algo totalmente imposible si les criticamos una y otra vez.
4. Cada niño es un mundo.
Aunque tengamos gemelos idénticos, cada niño es completamente distinto. Tienen unos rasgos de carácter distintos y por eso nos tenemos que adaptar los padres a cada uno. A veces los adultos tenemos la tendencia de comparar a los niños y eso nunca tenemos que hacerlo. Siempre hay que buscar lo bueno que tiene cada niño y ensalzarlo. Tener la misma ilusión con el segundo, tercer hijo y los siguientes que con el primero.
Los niños no tienen que notar que tenemos una preferencia por uno de los hijos. El amor no se agota, sino que cuanto más se da, más tenemos, así que seamos maduros y demos amor a cada uno de nuestros hijos.
5. Hace falta tiempo.
Es necesario reservar tiempo a la familia, a los hijos. Hoy en día tenemos tantas ocupaciones y obligaciones que a veces no les prestamos la debida atención a los niños. Después de largas jornadas de trabajo, llegamos a casa muy cansados, con ganas de descansar y relajarnos. Eso está bien, pero no olvidemos que los niños nos necesitan.
El tiempo pasado con los hijos tenemos que considerarlo como una inversión, nunca como una pérdida de tiempo. Hay múltiples actividades que podemos hacer con ellos, como cantar, hacer puzles, contarles un cuento…
Todos los días tenemos que jugar aunque sea un poquito con ellos. A través del juego los niños aprenden un montón de cosas. Por otro lado a los adultos no nos viene mal jugar pues así desarrollamos nuestra propia creatividad que podremos utilizar en otros ámbitos, incluso en el trabajo.
El tiempo pasado con los hijos tenemos que considerarlo como una inversión, nunca como una pérdida de tiempo. Hay múltiples actividades que podemos hacer con ellos, como cantar, hacer puzles, contarles un cuento…
Todos los días tenemos que jugar aunque sea un poquito con ellos. A través del juego los niños aprenden un montón de cosas. Por otro lado a los adultos no nos viene mal jugar pues así desarrollamos nuestra propia creatividad que podremos utilizar en otros ámbitos, incluso en el trabajo.

